domingo, 23 de octubre de 2011

Juan Rulfo: "No oyes ladrar los perros". Análisis y estilo de su narrativa. (6º Noct.)

                                                   

                       Rulfo: "El llano en llamas"  - Profesora: Miriam Méndez.

La acción de los cuentos de "El llano en llamas" se desarrolla en los límites de la parte sureste de Jalisco, desde el Lago de Chapala hasta la frontera con los estados de Colima y Michoacán.
El tiempo de la acción también está limitado aproximadamente a cuatro décadas, desde la revolución de 1910 hasta comienzos de los año 50.
  "El llano en llamas" presenta un mundo rural violento y desesperanzado, presidido por el hambre, la soledad y la muerte.
Los conflictos sociales y cotidianos de sus cuentos no son nuevos.
En este texto la aportación de Rulfo radica en su capacidad para penetrar en el mundo interior del campesino mexicano con profundidad, descubrió este mundo y lo hizo presente en la literatura, la introspección y puntos de vista personales; monólogos interiores y flujo de la conciencia, subjetivismo. En este relato sobre la vida de su región está presente el México campesino, infortunado, que se mantiene en la periferia del progreso histórico, que aún espera la solución de sus problemas.

                                      El Lenguaje en la obra de Rulfo
Oyendo los cuentos de los campesinos sobre las guerras, los bandidos o los fantasmas, cuentos que comenzaban con el invariable "¿Te acuerdas?", Rulfo fue aprendiendo inconscientemente a valorar la parquedad y la expresividad del habla popular, acostumbrándose a su música y sintiendo gusto por las reiteraciones que comunicaban a este hablar un ritmo fascinante. Rulfo debe, a este lenguaje, las más importantes impresiones desde su infancia.
Su estilo se basa en el lenguaje popular, de los campesinos de Jalisco; lenguaje parco y preciso, frases cortas, pocos adjetivos; lenguaje exacto y expresivo. El diálogo cotidiano, cuidadosamente elaborado.
En la recreación literaria del lenguaje rústico, en su intensidad expresiva, en su cuidadosa elección, están los elementos que con mayor sabiduría y sentido estético explotó este autor; escribe en forma simple, con personajes sencillos. Para plasmar este descubrimiento Rulfo se guió más por el oído. El habla sobria y exacta, lenta y tensa, llevaba al escritor a las fuentes que la alimentan, la vida espiritual del pueblo y hacer esta vida comprensible para todos.
...su capacidad de adentrarse dentro de la supuesta "realidad" y lenguaje de los campesinos mexicanos y, al mismo tiempo, de elevar dicha realidad y dicho lenguaje al nivel literario...
   La narración es llevada por uno de los personajes desde el principio hasta el final; habla campesina, parca y a su vez detallada, por momentos difícil, y es, precisamente, en esta dificultad donde se encuentra la expresividad poco común. Las voces humanas, reproducidas con toda su riqueza de entonación, forman el tejido artístico del cuento, en el cual sólo por momentos se insertan las observaciones lacónicas del autor.
  Así, desaparece la visión de los personajes desde arriba y desde afuera, para privilegiar la visión desde adentro, el discurso individual de personajes marginados cuyo lenguaje subvierte categorías y convencionalismos establecidos.
  La palabra  siempre viva, es el recurso fundamental y en la mayoría de los casos el único medio de caracterización de los personajes. Rulfo sabe aprovechar las posibilidades que brinda este recurso, con lo cual logra crear imágenes de extraordinario realismo.
En esencia los personajes de los cuentos de Rulfo reflexionan sobre la acción, en alta voz y en monólogos interiores, Cada uno es una personalidad irrepetible.
Rulfo, por lo general, de inmediato y sin explicaciones preliminares, incorpora al lector al flujo de los pensamientos de sus personajes y lo obliga a escuchar sus conversaciones. Precisamente en los monólogos y diálogos se descubren las relaciones de los protagonistas con el mundo que los rodea y entre ellos mismos, y se presenta el cuadro de los acontecimientos que tuvieron o están teniendo lugar.
Pero estos sucesos interesan al autor, sólo en la medida en que los mismos se reflejan en la conciencia de los seres humanos.

Entre los recursos narrativos de Rulfo se encuentran:
- el diálogo
- el monólogo interior, con la asimilación y profundización del lenguaje local
- la dislocación y la simultaneidad de planos temporales.

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                        Juan Rulfo: "No oyes ladrar los perros"
                                                           Exégesis.

  En "No oyes ladrar los perros" las imágenes son fuertes y los diálogos esenciales, pero la verdadera obra no está escrita en líneas, sino entre ellas.
Nos encontramos con los dos únicos personajes del cuento durante su viaje nocturno a Tonaya y poco a poco vamos descubriendo su situación, su historia y, sobre todo, la relación entre ellos. Ya en el principio aprendemos que el padre le está llevando a su hijo Ignacio en sus hombros porque éste está herido y necesita al médico. El peso del cuerpo de su hijo no solo cansa al padre, sino también le impide ver y oír su entorno. Por eso depende en Ignacio y le pregunta si "no oye ladrar a los perros" de Tonaya, el sitio de su salvación. Ignacio, por estar mal herido, cansado y al punto de desmayarse no oye ni ve nada. Juntos caminan así por unas cuantas horas tras un paisaje desconocido e iluminado por la única compañera de los dos viajeros: la luna.
La situación adquiere una nueva dimensión cuando el padre comienza con su monólogo dirigido a Ignacio en el cuál expresa sus sentimientos tan humanos y tan crueles al mismo tiempo. Ahora nos enteramos de que Ignacio está herido porque pertenecía a una bandilla criminal lo que su padre no le puede perdonar. Éste, a pesar de ser un villano sencillo, con su lenguaje llano manifiesta una profunda crisis personal. Por un lado se preocupa por su hijo y siente la obligación de salvarle, pero en el mismo tiempo le rechaza a Ignacio y se opone fuertemente a su manera de vivir.
El padre internamente pasa de un extremo al otro y este cambio es acompañado por su propio tono. Cuando prevalece el amor fraternal, el padre le tutea tiernamente a su hijo y mantiene un tono muy personal y cariñoso, pero de repente se convierte en un juez, se dirige a Ignacio como " usted" y mantiene esa distancia y formalidad. En esos momentos expresa su amargura, tristeza, dolor, desilusión y desesperanza causadas por Ignacio. Le habla de su difunta madre, de su infancia, de su pasado y presente y le critica de una manera muy directa, cruel y honesta. La oscuridad del entorno, la vejez y el cansancio del padre subrayan esta situación trágica. Ignacio no se defiende, está callado y nosotros no sabemos si su silencio implica una pesadumbre o un mal estado físico.
En el principio le contesta a su padre, aunque negativamente, a sus preguntas sobre los perros y las luces de Tonaya, pide agua, quiere que su padre le baje, pero con el paso del tiempo se calla completamente y la única evidencia de su presencia aparte del peso de su cuerpo son gotas que el padre tiene por lágrimas. Nosotros no sabemos si tiene razón y las gotas realmente son el signo del arrepentimiento de Ignacio, o son la sangre, el signo de su muerte. Por fin los dos entran en Tonaya, el padre le baja a su hijo y con las orejas libradas oye claramente el ladrar de los perros.
Ahora tampoco sabemos si Ignacio está vivo o muerto, pero esta información pierde su significado con las últimas palabras del padre: “¿Y tú no los oías, Ignacio? No me ayudaste ni siquiera con esta esperanza.” En este punto culmina la tragedia de los dos y se resuelve la lucha dentro del padre. La última frase manifiesta que el amor por su hijo se une con los reproches y el padre habla con Ignacio con una ternura auténtica, pero admite que su hijo era una gran desesperación para él.
Aunque en este cuento la tragedia en el nivel personal se superpone a la del nivel global, los aspectos sociales se hacen visibles tras las vidas y las actitudes de los dos personajes. Según su lenguaje llano y sencillo, el padre forma parte de la clase más baja y podemos suponer que el hijo eligió un camino inaceptable para sus padres para escapar de la pobreza. Aquí se ve una paralela con: Es que somos muy pobres y una continuación libre de la vida de Tacha mediante la historia de Ignacio. Uno puede adivinar que los padres de Ignacio se encontraban en la misma situación que los de Tacha y sentían el mismo resentimiento cuando sus hijos se rebelaron y adoptaron una manera de vida contradictoria a los valores morales de los padres.
Uno puede imaginarse lo herido que un padre tiene que ser para repulsar y maldecir a su propio hijo y casi podemos sentir el amor eterno que le dirige a ese mismo padre a atravesar los límites físicos para salvar su hijo. Aquí, otra vez, la pobreza material e intelectual no se tiene de mano con la pobreza moral y espiritual, sino todo lo contrario. A lo mejor el enfado que el padre expresa hacia su hijo es en realidad su ira dirigida contra la sociedad que no le dio remedios para ayudarle a su hijo cuando era posible. Como hace años cuando su hijo nació, tanto ahora no había nadie quien quite ese cargo de sus hombros tan viejos y tan cansados.

Profesora: Miriam Méndez.

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